04 abril 2012

Jose Luis Zúñiga


si no conocéis su blog debieráis 


Un retrato. Es tan sólo un retrato.
Pero a mí se me enredan los pinceles
en el hondón del alma y escribo mientras veo
esos ojos, mis ojos,
que la pintora quiso hacer muy grandes.
Escribo mientras pienso
cuánto de bueno hay suelto entre crueldades,
cuánta gente que quiero y que me quiere,
cuánta verdad en las pequeñas cosas.

Hoy soy un poco más feliz que ayer.
Pedid. Si está en mi mano
os lo daré. Porque hoy se me enredaron
los pinceles de Luisa en esas luces
que a veces me florecen en el alma.

Y en su pintura están todas mis lágrimas
hechas sonrisa cierta.



Jose Zúñiga



A Luisa Navarrete

Está mirando fijamente el cuadro, un hombre azul con una mujer rubia. Contempla el cuadro ensimismado, esa pareja azul que su amiga pintora le vendió a muy buen precio. Mira a través del humo al hombre y la mujer, las pinceladas le parecen labios. Hoy debo penetrarme hasta el fondo del cuadro, se dice muchas noches. Nunca lo hace, es algo que le da mucho miedo. Para empezar, no sabe si la pareja azul será alguien conocido, ignora si se aman. Piensa, además, que muy probablemente estén desnudos. Aparta la mirada del cuadro, tan sólo la mirada.

Escribe: si yo fuera pintor te pintaría roja. Escribe: si yo fuera noctámbulo serían incontables las cosas que te hiciera. Quiero ser hombre azul, sigue escribiendo. Quiero ser hombre verde. Quiero saber qué hay dentro de tu cuadro, se arrebata, qué hay más allá del lienzo, en esa habitación que no se ve. No quiero fumar más. El vaso está vacío. Se levanta, es muy tarde, vámonos a la cama, buenas noches, pareja.

… Desde el cuadro, sentado entre el chico y la chica, ve una mesa camilla y una sombra que escribe. Esta noche ha olvidado el pudor y ahora comprueba que no son pinceladas, en efecto, son huellas de los labios de la pintora amiga. Y ya es un trío azul, y desde dentro se ven tres cubalibres encima de la mesa. Y una sombra que escribe.



José Zúñiga

26 marzo 2012

Eva R. Picazo



Vuelvo a pintar a una poeta cercana muy cercana y de mirada tan llena que era imposible no pintarla. os la recomiendo desde ya la podéis leer en su blog

http://evarpicazo.wordpress.com/




20 marzo 2012

17 marzo 2012

06 marzo 2012

07 febrero 2012

PoesiA3



Este Viernes en Guadalajara tres A de la poesía, estos son los dos carteles del evento que hice con todo el cariño del mundo y más....  Nos vemos allí.



21 enero 2012

29 diciembre 2011

dónde ?


Abrasados de grietas 
dónde saciarán
al mar

24 noviembre 2011

Antonio Díez



Decir Antonio Díez es decir ingenio y poeta, lo ideal es verlo recitar (aún no he conseguido que las pinturas hablen). Os dejo su blog que merece la pena y mucho




26 octubre 2011

a bruma pierdo



esa lluvia leve
a bruma
y
no


19 octubre 2011

01 octubre 2011

en tu/mi retina



des cuenta 
des velos
re cuenta
re vuelos




27 septiembre 2011

Carmen Garrido



El jueves pasado me quedé impactada con esta Dama de Verde, con su Córdoba que también es mía, con el viento y ese con Versando de Paloma Corrales que me atrapó y el resultado es esta pintura de la poeta Carmen Garrido, precisamente captando uno de los momentos que recitaba.

Os recomiendo su blog de poesía  www.ladamadeverde.blogspot.com

y cómo no la entrevista que le hizo Paloma y que es tan especial




22 septiembre 2011

(re) viento


Entre la espada y la pared ..... elijo ser viento

de tras tos


19 septiembre 2011

Frágil



frágil como un silencio sin miedo


12 septiembre 2011

Sylvia Plath






EL COLOSO


Nunca podré reunirte íntegramente,
juntar, pegar, articular como corresponde
Rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, obscenos graznidos
provienen de tus grandes labios.
Peor que en un corral.

Quizá te consideres un oráculo,
portavoz de los muertos o de algún dios
Yo llevo treinta años esforzándome
por limpiar de fango tu garganta
y no he aprendido nada.

Trepando escaleritas con frascos de engrudo y baldes de lisol
me arrastro como una hormiga enlutada
por los campos cubiertos de maleza de tus cejas
para reparar tu inmenso cráneo y desbrozar
los descarnados, blancos túmulos de tus ojos.

Un firmamento azul de otra Orestíada
se cierne sobre nosotros. Oh padre, tú solo
eres una referencia histórica tan importante como el Foro Romano.
Aquí meriando, en una colina de seres siniestros.
las columnas de tus huesos y el acanto de tus cabellos vuelven
a su antigua anarquía esparciéndose hasta el horizonte.

Se necesita más que un rayo
para crear tanta ruina.
Algunas noches me acurruco en la cornucopia
de tu oreja, a salvo del viento,

y cuento estrellas rojas y estrellas color ciruela.
Sale el sol bajo el pilar de tu lengua.
Mis horas se desposan con la sombra.
Ya no escucho más el roce de la quilla
contra las sordas piedras del embarcadero.

Sylvia Plath



Una vida

Tócala: no se encogerá como pupila
esta rareza oviforme, clara como una lágrima.
He aquí ayer, el año pasado: palmiforme lanza,
azucena, como flora distinta
de un tapiz en la quieta urdimbre vasta.

Toca este vaso con los dedos: sonará
como campana china al mínimo temblor del aire
aunque nadie lo note o se anime a contestar.
Los indígenas, como el corcho graves,
todos ocupadísimos para siempre jamás.

A sus pies las olas, en fila india,
no reventando nunca de irritación, se inclinan:
en el aire se atascan,
frenan, caracolean como caballos en plaza de armas.
Las nubes enarboladas y orondas, encima.

Como almohadones victorianos. Esta familia
de rostros habituales, a un coleccionista,
por auténtica, como porcelana buena, gustaría.

En otros lugares el paisaje es más franco.
Las luces mueren súbitas, cegadoramente.

Una mujer arrastra, circular, su sombra, de un calvo
platillo de hospital en torno, parece
la luna o una cuartilla de papel intacto.
Se diría que ha sufrido una particular guerra relámpago.
Vive silente.

Y sin vínculos, cual feto en frasco, la casa
anticuada, el mar, plano como una postal,
que una dimensión de más le impide penetrar.
Dolor y cólera neutralizadas,
ahora dejad la en paz.

El porvenir es una gaviota gris, charla
con voz felina de adioses, partida.
Edad y miedo, como enfermeras, la cuidan,
y un ahogado, quejándose del frío, se agazapa
saliendo a la orilla.

Sylvia Plath